sábado, 4 de febrero de 2017

TEMA 11: GUERRA ENTRE LOS CONQUISTADORES PARTE II

Gobierno de Pizarro

Aunque los oficiales reales y Diego Alvarado a nombre del joven Almagro reclamaron el gobierno de la Nueva Toledo, resistiéronse los Pizarros a la separación de países tan unidos por sus relaciones naturales, como por los vínculos políticos y quedó el marqués como único gobernador del Perú. Desembarazado de sus enemigos encargó a sus hermanos la pacificación del Collao que consiguieron en breve, ya con grandes hazañas, ya con una política benévola. La fundación de La Plata, llamada también Chuquisaca y Charcas, no muy lejos de las ricas minas de Porco, aseguró esta pacificación. El inca Manco, que había destruido un destacamento español, y cuya gente dio cruel muerte a los mensajeros de paz, fue obligado a refugiarse al otro lado de la cordillera oriental; y una de sus esposas favoritas expiró a flechazos en el mismo sitio donde habían sido muertos los enviados del gobernador, por una represalia tan indigna de un hombre de honor, como de un buen cristiano.

Asesinato de Pizarro

 Los amigos de Almagro hacían responsable al marqués de la muerte de su socio y estaban reducidos a la desesperación por la extrema pobreza; mendigaban muchos el vestido y el sustento; subsistían otros de las ganancias del juego o de donativos precarios, y no tenían entre doce de los principales sino una capa que para salir a la calle se ponían por turno. No había medio de calmar su descontento, porque no querían aceptar favores y se irritaban por hallarse desatendidos. Más de doscientos de ellos reunidos en Lima concertaban sus proyectos de venganza, queriendo los más moderados obtener justicia de Vaca de Castro y considerando el mayor número sus espadas como única justicia. Juan de Rada, ayo del joven Almagro, se puso a la cabeza de este partido y llamado por el marqués que deseaba cortar con una franca explicación los motivos de desconfianza recíproca, le habló en términos que le inspiraron plena confianza. En vano se dieron a Pizarro los avisos más alarmantes.

                         

Guerra entre Vaca de Castro y los almagristas

Con las espadas teñidas en la sangre del gobernador, llena la ciudad de espanto y confusión por el saqueo de las casas y persecución de los principales vecinos, fue proclamado nuevo gobernador del Perú el joven Almagro. Para que su autoridad fuese reconocida por las demás ciudades, se procuró levantar un ejército que diera la ley a la colonia y se trató de ganar la opinión desfigurando los hechos.
 Vaca de Castro que ya se hallaba en Quito, apoyado desde Popayán por Benalcázar, hizo reconocer su autoridad y se aprestó a la guerra con tanta actividad como inteligencia. Entre tanto, debilitaba la discordia a los almagristas ya no sabían qué partido tomar, si la fuga a Chile, la lucha con Vaca de Castro o la persecución de los vengadores de Pizarro. No teniendo esperanza de salvación si no en los triunfos rápidos, decidieron salir al encuentro de Olguín que se dirigía al Norte, después de su fácil derrota caer sobre Alvarado y, vencido éste, arrancar por la fuerza a Vaca de Castro una amnistía completa.. Los vencidos fueron cruelmente castigados, y el joven Almagro condenado a muerte por un consejo de guerra entregó su cabeza al verdugo con fortaleza cristiana y conforme a sus deseos fue enterrado bajo el cadáver de su padre.

Consumación de la Conquista

La caída de los almagristas hizo perder a los indios las esperanzas que les había hecho concebir el fin trágico de Pizarro. Creyendo que la conquista se acabaría con el conquistador, se habían reanimado y procurado saciar su sed de venganza, asesinaron a los españoles que viajaban, a los que estaban dispersos y a Valverde que se ocupaba en convertir a los habitantes de la Puná. Mas pronto se vio que la conquista era un hecho consumado. La España, que ejercía sobre el mundo civilizado una preponderancia visible, no podía ser resistida con éxito. Los defensores del imperio se rendían, morían como criminales vulgares o se salvaban en la oscuridad. El mismo Inca perecía en una reyerta inesperada con unos cuatro almagristas refugiados en su campo. El buen gobierno de Vaca de Castro parecía legitimar la obra de la violencia haciendo suceder la justicia a la fuerza y el atractivo de los beneficios legales al terror que habían inspirado los conquistadores.(ver documento)


TEMA 10: GUERRA ENTRE LOS CONQUISTADORES PARTE I



Triunfos de Almagro

La expedición de Chile, emprendida con tanta imprevisión como injusticias, fue fecunda en desastres, habiéndose visto expuestos los conquistadores a perecer entre las nieves de los Andes a la ida y en los desolados arenales a la vuelta, y habiéndose avanzado la vanguardia hasta el Maule, el grueso del ejército hasta Coquimbo y quedando intacta la conquista para el genio de Valdivia. Arrastrado por las sugestiones de sus amigos que no esperaban encontrar riquezas en Chile, volvió Almagro al Perú para arrebatar a los Pizarros la deseada posesión del Cuzco; y cuando en el camino supo del levantamiento de Manco, creyó que podría atraerlo a la paz con promesas lisonjeras.

                          

A la toma del Cuzco siguió de cerca la victoria sobre Alonso de Alvarado que, si bien permanecía en Abancay con fuerzas respetables y en situación ventajosa, fue fácilmente derrotado por la defección de los suyos y por el arrojo de los contrarios. Muchos almagristas querían ensangrentar los fáciles triunfos, asesinando a los jefes prisioneros, sobre cuyas cabezas estuvo muchas veces suspendida la sentencia de muerte. Mas otros vencedores hicieron prevalecer consejos más humanos, a los que se prestaba de mejor voluntad Almagro, irritable y arrebatado a la vez que confiado y bondadoso.


Negociaciones

La entrada de Almagro en el Cuzco y la derrota de Abancay fueron sabidas en la costa por el marqués, que al frente de unos cuatrocientos cincuenta hombres marchaba en auxilio del Cuzco. Estas noticias alarmantes le obligaron a retroceder a Lima desde el valle de Nazca; y mientras hacia los aprestos necesarios para la guerra, acordó negociar en el Cuzco el arreglo más favorable. Sus primeros enviados sólo obtuvieron de Almagro respuestas irritantes. Mas otra legación, a cuya cabeza iba el licenciado Espinosa, socio de los dos rivales, tuvo mejor acogida; y no obstante que estaba resuelta la guerra contra el marqués, se continuaron los conciertos de paz.


                                                                Persecución de Almagro
El marqués, que quería recobrar el Cuzco, lo reclamó como su conquista y su colonia en virtud de una nueva provisión real en que se mandaba que cada uno de los gobernadores retuviese las provincias conquistadas y pacificadas por él hasta el día en que la orden suprema llegase a su conocimiento; luego, sin hacer muchas instancias a las réplicas de su rival, se aprestó a desalojarle a viva fuerza. Encargado Hernando de la guerra, emprendió las operaciones con su acostumbrada actividad, persiguiendo a los almagristas hasta el Cuzco.

Almagro, abatido por una enfermedad que le puso al borde del sepulcro, mal secundado por la discordia de sus capitanes y no contando mucho con su tropa, abandonó la costa, fue rechazado de Huaitará, se detuvo en Vilcas por la gravedad de su dolencia y alistó su ejército en el Cuzco, de donde salió a la inmediata pampa de las Salinas para luchar con sus perseguidores. Al verla venir de manos del verdugo, se humilló como una débil mujer para pedir de rodillas y en el tono más lastimero la conservación de su vida que Hernando le negó con repugnante dureza; mas viendo que su destino era inevitable, se preparó a morir (8 de julio de 1538) con el valor que había vivido, dejando al emperador por heredero de sus bienes y a su hijo Diego por sucesor en el gobierno de la Nueva Toledo. 

                  

TEMA 09: ESTABLECIMIENTO DE LA DOMINACIÓN ESPAÑOLA PARTE II

Anarquía

La muerte de Atahualpa precipitó la disolución del imperio, que hacían inminente las instituciones ya degeneradas, las guerras civiles y la presencia de los españoles en el Perú, a quienes el pueblo llamaba Viracochas creyéndolos enviados del cielo para vengar a Huascar, legítimo descendiente del Sol. Faltando la autoridad acatada que dirigía y daba impulso al socialismo imperial, sufrió el Estado las convulsiones de la anarquía. Los yanaconas luchaban con sus amos, los barrios bajos con los altos, los mitimaes con los originarios, el partido del Cuzco con los quiteños; Manco legítimo sucesor de Huascar era el caudillo más popular en el Sur; Rumiñahui pretendía restablecer el reino de Quito exterminando los representantes de la dinastía celestial; muchos curacas se declaraban por los españoles.

Alianzas y combates de los conquistadores con los indios

Para llevar adelante la conquista, buscó Pizarro la alianza de los jefes quiteños, haciendo elegir por sucesor de Atahualpa al joven Tupac Inca, su hermano de padre y madre y declarándole tributario del rey de España. Llevando al nuevo Inca y a Calcuchima en literas emprendió su marcha al Cuzco por el camino imperial. El ejército de Quito, que había hecho algunos amagos de resistencia, atacó la retaguardia y entre otros prisioneros tomó a Cuellar, escribano del proceso de Atahualpa, y le hizo ejecutar en Cajamarca con el mismo aparato que lo había sido el Inca; también quiso detener a los conquistadores en el valle de Jauja; mas se aterró a las primeras acometidas de la caballería.
Noticiado Pizarro de esta expedición, bajaba a la costa para defender su conquista, y enviaba al Norte a Almagro para que unido con Benalcázar cruzaran los planes de un rival peligroso.(ver documento)

Colonización del Perú

Para levantar un imperio colonial sobre las ruinas del imperio de los Incas se propuso Pizarro fundar una gran capital; y hallando reunidas en el delicioso valle del Rímac las condiciones de dilatada y fértil campiña, aguas abundantes, puerto excelente, posición central y una salubridad rara en las costas intertropicales, fundó con sesenta vecinos el 18 de enero de 1535 la ciudad de los Reyes, en honor de Carlos V y de la reina Juana. Poco después echó en el valle de Chimú los cimientos de Trujillo, en memoria de su tierra natal. Al mismo tiempo Alonso de Alvarado, que había conquistado a los Chachapoyas con su política suave y clemente, fundaba San Juan de la Frontera. Otros conquistadores sojuzgaban las provincias distantes y las poblaban de cristianos. Muchos misioneros, llenando fielmente las funciones del apostolado, aceleraban la reducción de los indios con sus virtudes y doctrinas.

                      

Primeras alteraciones

Habiendo llevado a España Hernando Pizarro 155 300 pesos de oro y 5 400 marcos de plata pertenecientes al Rey, la corte agradecida le dispensó grandes consideraciones; y entre otras mercedes a los conquistadores concedió a Valverde el obispado del Cuzco, a Francisco Pizarro el título de marqués de los Atabillos y setenta leguas más en su gobierno, y a Almagro el de Nueva Toledo que debía principiar en el límite meridional de la jurisdicción de Pizarro.
Ambos gobernadores creyeron que el Cuzco entraba en su respectivo dominio; Almagro excitado por sus amigos quiso tomar posesión de la opulenta ciudad que se dividió en bandos; hubo quejas violentas; de las amenazas se pasó a las armas; y hubiera corrido la sangre si el marqués no volara a apagar la discordia. Abrazándose con efusión los antiguos socios, hicieron protestas de amistad y unión, partiendo la hostia consagrada; Almagro se alistó para una expedición a Chile; y Pizarro regresó a Lima a impulsar eficazmente los progresos de la nueva capital del Perú.

Sitio del Cuzco

Cerca de doscientos mil hombres sitiaron la capital del imperio para exterminar a doscientos españoles auxiliados por unos mil indios. Habiendo tomado posesión de la fortaleza, estrecharon el sitio por todas partes, atronando de día con espantosos gritos y con la continuada granizada de las flechas, dardos y piedras, y redoblando de noche el espanto de los sitiados con los fuegos del campamento. Habiendo puesto fuego a las casas de la ladera y arrojado en la población materias incendiadas, en un punto toda la ciudad fue una sola llama; quedaron reducidos los cristianos al recinto de la plaza, donde no tenían descanso ni de noche, ni de día; al anochecer salían a desembarazar el terreno derribando las paredes, deshaciendo barricadas, llenando zanjas y rompiendo las acequias con que se veían estrechados; y desde el amanecer hasta que anochecía, se esforzaban por librarse de los lazos, flechas y otras armas arrojadizas de los asaltantes.

TEMA 08: ESTABLECIMIENTO DE LA DOMINACIÓN ESPAÑOLA PARTE I

Preparativos para la conquista

Los vecinos de Panamá recibieron con entusiasmo al descubridor del Perú; mas no hallando allí la protección necesaria, marchó Pizarro a España, con acuerdo de sus socios, para solicitarla del monarca. La travesía fue feliz; pero en Sevilla fue puesto en la cárcel a instancias de un antiguo acreedor. Sabedor el emperador de tan indigno recibimiento, ordenó su inmediata libertad y su marcha a Toledo, donde se hallaba la Corte. Pizarro obtuvo de Carlos V la acogida más lisonjera; y aunque el despacho encargado al Consejo de Indias se hizo esperar por algunos meses, al fin consiguió cuanto podía desear. Fue autorizado a conquistar y poblar la provincia del Perú o Nueva Castilla en la extensión de doscientas leguas desde el río de Santiago que está a 1° 20’ latitud N. Debía llevar una fuerza de doscientos cincuenta hombres por lo menos, oficiales reales y misioneros. Entre otras mercedes se le concedían los títulos de gobernador, capitán general y adelantado con las extensas atribuciones de un virrey. Para Luque se pedía al Papa el obispado de Tumbes.

Captura de Atahualpa

Profundamente inquieto, Pizarro participó inmediatamente con un indio su llegada al Inca; enseguida del primer mensaje envió a Hernando de Soto con quince caballos, y tras Soto a su hermano Hernando con veinte caballos más para que le invitaran a venir a comer a Cajamarca. El monarca, rodeado de más de treinta mil soldados y de una corte magnífica, recibió a los españoles con aterradora majestad, mostró mucha circunspección en sus palabras, y no dio muestras de sobresalto.
               
Pizarro, en vez de vacilar en su empresa, resolvió la captura del Inca cuando viniera a visitarlo. Dirigía inquietas miradas a los salones del tambo, cuando el dominico fray Vicente Valverde salió con la cruz en la mano derecha y el breviario en la izquierda, y en un largo discurso religioso-político le exhortó a hacerse cristiano y tributario del Emperador. Indignado con la intempestiva, oscura e insolente exhortación replicó el Inca que era demasiado poderoso para ser tributario de ningún rey y que no cambiaba el Sol, que vive en los cielos y vela por sus hijos, por el Dios de los cristianos que sus mismas criaturas habían condenado a muerte; prorrumpió luego en formidables amenazas, y arrojó al suelo el libro sagrado que le había dado Valverde y con cuya autoridad le había hecho intimaciones tan extrañas. «¡Los evangelios en tierra!, exclamó el dominico. Venganza cristianos. ¿No veis lo que pasa? ¿Para qué estáis en requerimientos con este perro lleno de soberbia? Que vienen los campos llenos de indios; salid a él, que yo os absuelvo». Según las señales convenidas, alzó Pizarro un pañuelo blanco, sonó un tiro y emprendieron los conquistadores la más cruel carnicería, sin que los indios, aterrados por el ruido de la pólvora, el movimiento de la caballería y el brillo de las espadas, osaran defenderse. La nobleza se sacrificó por su soberano, que no tardó en caer en manos de Pizarro.  

                                 

El rescate de Atahualpa

Continuando siempre las precauciones militares, fortificó Pizarro a Cajamarca con murallas; y queriendo convertirla en una ciudad de cristianos transformó el templo del Sol en iglesia de San Francisco. Atahualpa, que al través del celo religioso conoció la avidez de los conquistadores, ofreció por su libertad llenar de piezas de oro y plata el cuarto donde estaba preso, a la altura de nueve pies; la pieza tenía veintidós pies de largo y diecisiete de ancho. Aceptada la oferta, se convino en que también se cubriría de plata dos veces otro cuarto menor y él mandó ahogar en el río de Antamarca a su hermano Huascar que podía ofrecer al caudillo español riquezas mucho mayor.

El tesoro ya reunido, aunque no igualaba al rescate, era bastante grande para que la impaciente codicia de los aventureros pudiera contenerse por más tiempo. Se acordó por lo tanto dividirlo y, para hacerlo con mayor facilidad, se dispuso que la infinita variedad de piezas fuese reducida a barras de igual valor, reservando sólo algunas obras maestras del arte peruano. Hecha la fundición, se calculó la cantidad de plata en 51 610 marcos y el valor del oro en 1 326 539 castellanos, lo que según la moneda actual pasaba de 4 000 000 de pesos fuertes, y apreciado en su valor comercial equivaldría de 16 a 20 millones. En la distribución, que se hizo con toda solemnidad, recibió Pizarro 82 220 pesos de oro y 2 340 marcos de plata; los soldados de a caballo obtuvieron con cortas excepciones 8 880 pesos de oro y 362 marcos de plata, los de infantería cerca de la mitad, los capitanes sumas mucho más considerables. A Hernando Pizarro se le dieron 31 180 pesos de oro y 1 227 marcos de plata.

El proceso de Atahualpa

La partida de Hernando fue muy sentida por Atahualpa, cuyo protector se había declarado. El Inca exclamó en el momento de la despedida: «te vas capitán y me pesa de ello, porque en yéndote tú, me han de matar ese gordo y ese tuerto». Decíalo por el tesorero Riquelme y por Almagro, que solicitaban su muerte. El augusto prisionero era obedecido y servido siempre como hijo del Sol, se mostraba grande y digno en la desgracia, y descubría un genio no vulgar; todo lo que le hacía más temible a los ojos de sus perseguidores y les disponía a sacrificarle. También los indios le perjudicaban, unos por vengar a Huascar, otros por propalar de ligero noticias de conspiraciones en todo el imperio, de una insurrección ya declarada y de ataques inminentes. El intérprete Felipillo, que había osado poner sus ojos en una de las esposas del Inca, no pensaba sino en perder al monarca por libertarse de su terrible indignación. 

                          

miércoles, 1 de febrero de 2017

TEMA 07: CIVILIZACIÓN DEL PERÚ BAJO LOS INCAS


Sistema de gobierno

Los Incas realizaron el socialismo en la escala más vasta, en toda la pureza posible y con tanta constancia como si durante doce reinados no hubiese gobernado sino un solo soberano. Llamándose hijos del Sol marcharon a la conquista del mundo para imponerle su culto y doblegar la sociedad a sus órdenes.

Jerarquía social

La sociedad estaba dividida en tres órdenes principales: Inca, nobleza y pueblo. Dios-rey, era acatado el Inca como hijo del Sol y como árbitro de todas las existencias. 

La nobleza se componía de la familia del Sol, de los Incas de privilegio y de los curacas. La familia imperial incluía a la Coya, reina madre, que por lo común era hermana del Inca, las concubinas, las doncellas de la estirpe real o ñustas, las casadas del mismo origen o pallas y los príncipes solteros o casados que desempeñaban los principales cargos y cuando no por sus luces, eran acatados por su nacimiento y por su lujo.

El pueblo sumido en la abyección más completa estaba dividido en grupos sucesivos de a diez mil almas, de a mil, de a quinientos, de a cien, de a cincuenta y de a diez; también se dividía por linajes que no podían cruzarse. (ver docuemnto)

Legislación

No había más ley que la palabra del principal (apupsimi) sirviendo la voluntad del Inca de derecho y de conciencia. Mas por la constitución del imperio y por la misión que se habían arrogado los Incas, su voluntad no debía ser caprichosa; para evitar escándalos y para no comprometer su poder necesitaban sujetarse al socialismo establecido. Los bienes y el trabajo debían servir a las necesidades del Estado y se hallaban organizados conforme a su destino social.

La tierra se dividía en cuatro porciones: la del Sol, la del Inca, la de la comunidad y la de los curacas. La tierra del Sol se destinaba al culto, la del Inca a las necesidades del gobierno, las tierras de la comunidad se distribuían anualmente entre las familias dando un topo a cada matrimonio; un topo más por cada hijo y medio por cada hija; sin que pudiesen trasmitirse por herencia, ni por contrato. Los curacas poseían vinculaciones que se perpetuaban en los jefes de las familias.
                                     
Administración

El Inca era ayudado en la administración del imperio por un consejo de Estado; las provincias eran gobernadas por los Tucuiricuc; los distritos por los Michos; los linajes por los Curacas; los grupos por los Camayoc respectivos. Cada una de estas autoridades administraba justicia reservándose los casos más graves a los Tucuiricuc y al Inca; el juicio era sumario y sin apelación; mas se precavía la iniquidad de los jueces mediante el informe mensual que debían dar los tribunales, y con las visitas que personas de confianza y a veces el Inca hacían por las provincias.

                                                                             Religión

El Sol era el alma del imperio y su culto se hacía dominante con la severidad de las leyes, con la magnificencia de los templos, con el prestigio de los sacerdotes y escogidas, con la pompa de las fiestas y con el aparato de los sacrificios. Entre los templos deslumbraba el Coricancha por su imagen del Sol, su jardín, sus útiles y sus ornamentos radiantes de oro, plata y piedras preciosas. El templo de Titicaca fue tan venerado que hasta las mazorcas cosechadas en las vecinas rocas adquirían un valor inestimable. Los ministros del culto eran tantos, que en solo Coricancha había cuatro mil, en el templo de Vilcas se alternaban cuarenta mil y en el de Huánuco treinta mil. El sumo sacerdote (Villac Umu) era pariente del Inca, los demás sacerdotes salían de la nobleza, recomendándose además del nacimiento por su vida religiosa y por sus funciones sagradas. Las escogidas (aclla) por su nobleza o por su hermosura vivían en monasterios dirigidas por madres (Mama Cunas) cuidando del fuego sagrado, haciendo labores finísimas y sujetas a la castidad bajo horribles penas. 

Instrucción

Sabios llamados Amautas enseñaban a la nobleza en escuelas públicas las máximas de la guerra, las prácticas del gobierno, las ceremonias de la religión, la lengua general, los quipos, la historia de los Incas, algo de Bellas Artes, Medicina y Astronomía, en suma las nociones precisas para los cargos políticos, militares, religiosos y para dominar al pueblo por su superior cultura.


  • Los quipos confiados a los Quipocamayos llegaron a adquirir una perfección extraordinaria satisfaciendo las necesidades de la estadística y formando los anales del imperio.
  • La lengua quechua
  • La moral se expresaba en las máximas: no seas ladrón, no perezoso, no embustero y otras sumamente lacónicas.
  • En medicina se conocía el uso de las sangrías locales, algunas plantas muy activas y otros remedios simples
  • La música era melancólica y muy expresiva
  • De las matemáticas se hicieron importantes aplicaciones a la partición de tierras, al movimiento de las aguas y sobre todo al cálculo contando por unidades, decenas, centenas, millares y decenas de millar.



TEMA 06: ÉPOCA DE LA CONQUISTA

Descubrimiento del Perú (1511-1528)

Vasco Núñez de Balboa

En 1511 oyó decir Balboa, recién establecido en el Darién, a un hijo del cacique Comagre, que en el mar del Sur se navegaba en barcas a vela y remo y que entre aquellas gentes era el oro tan abundante como el hierro en España. En 1513, desplegando un genio extraordinario, tuvo la gloria de descubrir el Pacífico y en sus orillas adquirió datos más amplios sobre el Imperio de los Incas. En 1517, habiendo hecho pasar al través del Istmo materiales para fabricar buques, se avanzó en sus exploraciones hasta el puerto de Piñas. Ya tenía los preparativos hechos para el descubrimiento del Perú, como se llamaba ya a las regiones del Sur, mal pronunciado y peor aplicado el nombre de Virú que era el de un río y el de un cacique del Darién; pero su gloriosa carrera fue cortada por su suegro Pedrarías, quien por celos le hizo morir en el cadalso como traidor al rey.

                

Primera expedición de Pizarro y Almagro

En 1524 se reunieron para hacer el descubrimiento del Perú tres ancianos: Hernando de Luque, Diego Almagro y Francisco Pizarro.
Reunidos unos cien reclutas salió Pizarro de Panamá a mediados de noviembre y tocó en la isla de Taboga y en la de las perlas; habiendo remontado el Virú sufrió una ruda prueba en sus orillas abandonadas por los salvajes, ásperas, sin recursos y malsanas. Montenegro, que había ido por recursos a la isla de las perlas, volvió a las seis semanas; y alentados los expedicionarios con los víveres y con las noticias que les comunicaron unos indios del interior, siguieron explorando las playas inhospitalarias del Chocó.(ver documento)

Segunda expedición de Pizarro y Almagro

Vencida la oposición de Pedrarías, que quería impedir las expediciones al Perú, renovaron y formalizaron su convenio los tres socios, poniendo Luque veinte mil pesos que le prestaba secretamente el licenciado Espinosa, obligándose Pizarro y Almagro a contribuir con sus servicios, y distribuyéndose por partes iguales las futuras ganancias. Reunidos ciento sesenta hombres y dirigidos por el hábil piloto Ruiz, se encaminaron hacia el río de San Juan; conseguido allí un botín de quince mil pesos, regresó Almagro a Panamá para atraerse auxiliares; Ruiz se encargó de explorar las regiones del Sur y Pizarro se dirigió al interior.

La subida del río ofreció junto con el más bello espectáculo sufrimientos insoportables y todos los riesgos de las selvas intertropicales. Los exploradores maldecían ya sus sueños dorados, cuando llegó Ruiz que con vientos prósperos había cruzado la línea, reconocido la isla del Gallo y la bahía de San Mateo y tomado en alta mar una barca peruana y en ella dos tumbecinos, una balanza, tejidos, obras de platería y otras muestras de una civilización adelantada.
En vista de la hostilidad de los habitantes se resolvió en una junta de guerra buscar mayores fuerzas para llevar a cabo la empresa. Después de un violento altercado se acordó que Pizarro se quedara en la isla del Gallo y que Almagro regresara a Panamá.


Aventuras de Pizarro en la costa del Perú

Con tan mezquino auxilio se embarcó Pizarro en derechura para el Perú; a los veinte días entró en el bellísimo golfo de Guayaquil; tocó en la isla del Muerto a la que dio el nombre de Santa Clara; y al día siguiente hizo marchar en su compañía a una flota de tumbecinos, que iban a atacar a sus eternos rivales de la Puná. Grata fue la sorpresa y amistoso el saludo de españoles y peruanos, cuando la nave entró en el puerto de Tumbes. Del pueblo enviaron provisiones y vino un Inca deseoso de dar cuenta exacta al monarca. Pizarro envió a tierra a Alonso de Molina con gallinas y cerdos de obsequio; y al día siguiente saltó Pedro de Candia, de personalidad arrogante y con vistosas armas, quedando todos encantados de esta entrevista.


De Tumbes continuaron los descubridores su exploración hasta Santa, admirando en todas partes la cultura del país y recibiendo la acogida más afectuosa. Satisfechos ya de su descubrimiento, emprendieron la vuelta a Panamá, haciendo frecuentes arribadas para gozar de la hospitalidad peruana. En un valle, a que llamaron de Santa Cruz, les obsequió la Capullana con un festín tan espléndido, que hizo enloquecer de amor y de ambición a Alcón, joven de bella presencia y escaso de juicio. 
                 

           

miércoles, 25 de enero de 2017

TEMA 05: HECHOS DE LOS INCAS SEGUNDA PARTE

SEGUNDA PARTE

Yahuar-Huaca


El nombre de Yahuar-Huaca (el que llora sangre) indica las desgracias del séptimo Inca, quien según algunos fue asesinado por sus capitanes, y según otros murió en el destierro después de haber sido destronado por su hijo Inca-Roca llamado comúnmente Viracocha. Este príncipe que por su carácter violento había sido condenado a guardar los rebaños del Sol en las alturas de Chitapampa, se presentó un día a su padre avisándole que, según le había anunciado el dios Viracocha, se aproximaban los Chancas al Cuzco con un gran ejército. Despreciado este aviso, llegaron sin oposición hasta las cercanías del Cuzco treinta mil hombres al mando del valeroso Anco Huallo, jefe de una gran tribu de Huamanga. El tímido e imprevisor Yahuar-Huaca sólo tuvo tiempo para retirarse a la angostura de Muina; mas el imperio fue salvado por el animoso príncipe que reunió en torno de sí a los valientes y derrotó a los invasores en Yahuarpampa (llanura de sangre).


                                                  Wiracocha


Habiendo ocupado el trono de una manera irregular, tuvo el octavo Inca que sofocar a viva fuerza las semillas del descontento. Libre de enemigos domésticos, extendió la dominación imperial tanto por el Norte como por el Sur. Los soldados de Anco Huallo emigraron hasta Moyobamba por no someterse a un poder que habían estado cerca de abatir en Yahuarpampa. Mas otros pocras, poco resignados al yugo sorprendieron una noche a los guerreros imperiales y colgaron los cadáveres de los principales en la quebrada que en el camino de Ayacucho a Huanta se conoce hoy con el nombre de Ayahuarcuna (sitio donde se cuelgan cadáveres). El Inca los aterró haciendo ahorcar un gran número de ellos en el rincón de Ayacucho (rincón de muertos). Por el Sur los Chichas, Amparaes y otras tribus de Charcas se rindieron después de algunos encuentros parciales; los de Tucma (Tucumán) se sometieron antes de haber sido amenazados, cediendo al prestigio de los hijos del Sol.


Pachacutec


Yupanqui recibió el nombre de Pachacutec (el que da nuevo ser al mundo) por haber sido después de Manco-Capac el verdadero padre del Perú. La activa cooperación de Asto Huaraca, cuya voluntad ganó con el buen tratamiento; y la alianza de Cari, poderoso cacique del Collao, consolidaron la dominación imperial en territorios incorporados ya, pero que sólo estaban adheridos por débiles vínculos. Felices campañas que fueron confiadas al príncipe heredero y a su tío CapacYupanqui, proporcionaron la adquisición de las más importantes provincias del Norte. Los huancas cedieron después de algunos encuentros; los de Tarma y Bombón se dejaron atraer por las promesas; los Huaylas fueron reducidos por el hambre; los naturales de Huamachuco se rindieron sin combatir; los de Cajamarca lucharon con denuedo pero sin éxito; los de Yauyos se entregaron a Capac-Yupanqui a su regreso de una gloriosa expedición. Un triunfo magnífico solemnizó la entrada de los vencedores en el Cuzco. Para conquistar los valles del Norte donde existían los florecientes señoríos de Chincha, Chuquimancu, Cuismancu y el gran Chimú, se emplearon las artes de la paz y de la guerra.(ver documento)

                                                      Inca-Yupanqui y Tupac-Inca-Yupanqui


No es posible distinguir bien las hazañas, ni aun las personas de estos dos monarcas. Durante sus gobiernos se emprendió sin éxito la conquista de los Mojos y Chirihuanas; los chilenos quedaron sometidos hasta el río Maule donde se estrelló el poder del imperio, ante el valor de los Promaucaes y otras tribus indomables. No esperando ya los Incas grandes ventajas hacia el mediodía, dirigieron sus expediciones del lado del Norte, donde los Huacrachucos se sometieron sin combatir; los de Chachapoyas después de una heroica resistencia, los de Huancabamba forzados por el hambre, los de Cajas, Ayabaca y Carhua que formaban una confederación guerrera, por acuerdo de sus capitanes, los Huanucuyus de paso, los de Paita y Tumbes con poca dificultad. Los Pacamoros conservaron la independencia guareciéndose en las selvas de Jaén. 

Huaina-Capac

El imperio fue elevado a la cumbre de la grandeza por Huaina-Capac (mozo poderoso) que principió por defender su corona que le disputaban sus hermanos y por castigar a los enemigos de su raza. Los Huancavilcas espiaron su crimen contrayendo la obligación de sacarse cuatro dientes. Los de la Puná, que habían arrojado al mar y muerto a golpes de remo a los nobles del imperio después de haber recibido a Huaina-Capac con pérfidos halagos, sufrieron un castigo igual a su delito. Los Chachapoyas, que habían muerto a los gobernadores del Inca, fueron perdonados por súplicas de una señora de Cajamarquilla que había pertenecido al serrallo de Tupac-Yupanqui. Antes de avanzarse hacia Quito se hicieron fáciles conquistas en la costa hasta llegar a los salvajes de Barbacoas y del Chocó, que se obstinaron en la resistencia y obligaron a decir a Huaina-Capac: «volvámonos, que estos no merecen tenernos por Señor».

                                                      Huascar y Atahualpa

Conforme a la expresa voluntad del difunto monarca recibió Huascar la borla imperial y Atahualpa fue reconocido soberano de Quito; la paz entre los dos hermanos sólo se conservó por algunos años, estallando la guerra civil a la muerte del gobernador de los cañares. La posesión de esta provincia fue disputada primero con las negociaciones y enseguida con las armas. El rey de Quito, que había sido hecho prisionero por el general cuzqueño, logró escaparse de la fortaleza de Tumebamba y una vez en libertad aspiró a destronar a su hermano. Los veteranos de Huaina-Capac, que habían quedado en Quito dirigidos por Chalcuchima, Quisquiz, Rumiñahui y otros jefes distinguidos, le dieron brillantes triunfos. Vencedor en Ambato, exterminó a cuantos cañares eran capaces de llevar las armas, porque se habían declarado en contra suya. Sus generales avanzándose sin gran oposición hasta el Cuzco derrotaron las huestes imperiales en la inmediata llanura de Quipaypan. Chalcuchima, que mandaba la acción, hizo prisionero a Huascar y lo llevó cautivo a Jauja. Atahualpa, herido meses antes en un combate naval contra los de la Puná, se había quedado en Cajamarca, donde a poco fue víctima de Pizarro que estaba ya en el Perú y que no tardó en conquistarlo. 

            

TEMA 04: HECHOS DE LOS INCAS PRIMERA PARTE

PRIMERA PARTE

Manco-Capac

Según los testimonios más verosímiles Manco-Capac fue hijo de un curaca de Pacaritambo; a la muerte de su padre levantó en las inmediaciones del Cuzco un oratorio a Huanacaure, que era el principal ídolo de sus mayores; auxiliado por algunos partidarios extendió su dominación atrayendo a otros con los beneficios, imponiendo con las amenazas a los que no querían reconocerlo por hijo del Sol y fascinando a la muchedumbre con su porte magnífico: vestía camiseta recamada de plata y traía grandes pendientes de oro en las orejas, una patena de oro sobre el pecho, plumas vistosas en la cabeza y otros adornos preciosos en los brazos. 


                                                     Sinchi-Roca

El sucesor inmediato de Manco-Capac es generalmente conocido con el nombre de Sinchi-Roca, que se interpreta valeroso y prudente, y según la opinión más común afirmó y engrandeció el dominio heredado con el prestigio de la religión y de la beneficencia, extendiéndolo por una parte hasta el río Carabaya y por otra hasta Chuncará, veinte leguas al Sur de Quiquijana. A este Inca se atribuye la división del imperio en cuatro partes, la formación del primer censo y la introducción del chaco, gran cacería en que se reunían millares de indios para encerrar los animales del monte en un inmenso círculo y reduciéndoles a límites estrechos se lograba fácilmente la captura de un número increíble de vicuñas, guanacos, ciervos y fieras.

Lloque-Yupanqui

Sinchi-Roca dejó el cetro a su hijo Lloque-Yupanqui (el zurdo memorable) que aspiró a extender su dominación con la guerra. Los Canas próximos al Cuzco cedieron a las amenazas mezcladas de promesas seductoras; los de Ayaviri y Pucará sólo se rindieron después de haber visto perecer a cuantos podían llevar las armas; su sumisión quedó asegurada con la construcción de una imponente fortaleza y con el establecimiento de gran número de MITIMAES (colonos), para repoblar a Ayaviri. También se atribuye a Lloque-Yupanqui la conquista de una parte del Collao, el engrandecimiento del Cuzco hasta darle un nuevo ser con sus construcciones, y el haber ordenado que el heredero del trono visitase todas las provincias para atraerse el amor de los pueblos.

                                                     Maita-Capac

Según las tradiciones más recibidas tuvo Maita-Capac un gran número de concubinas y en ellas centenares de hijos y eclipsó la gloria de sus antepasados, sometiendo a todos los collas, a los naturales de Moquegua y a los del valle de Arequipa, y construyendo un puente colgante sobre el Apurímac, una calzada en el camino de Cuntisuyu y otras obras maravillosas. Estando en las antiguas ruinas de Chucahua dijo a un correo que había hecho una marcha muy rápida: «Tia Huanaco» (siéntate guanaco) y de aquí vino el nombre que hoy lleva aquel lugar. En la campaña contra los collas del Oeste sometió a los que se habían asilado en el cerro de Cayacviri, después de un estrecho sitio y de haberles hecho sufrir un estrago horrible en una salida imprudente. Los collas del Este se rindieron a consecuencia de haber experimentado enormes pérdidas en la batalla de Huaichai y de haber obtenido una acogida generosa.

Capac-Yupanqui

El sucesor de Maita-Capac necesitó de repetidos combates para asegurar la obediencia de las tribus recién sometidas. Habiendo querido destronarle uno de sus hermanos, descubrió el Inca la conspiración haciendo beber abundante chicha a los sospechosos, hizo enterrar vivo al jefe, y arrojó a los cómplices a unos en el foso de las fieras y a otros entre reptiles venenosos. Sin embargo de estos cuidados se dice que sometió a los Yanahuaras, Aymaraes, Umasuyus, Quechuas, habitantes de Camaná y parte de Chayanta. Este Inca adoptó medidas severas contra vicios abominables. Se cree que murió envenenado.

                                                                                    Inca-Roca

Se cuenta que, siendo aún príncipe heredero, extendió Inca Roca las conquistas hasta Abancay por la sierra y por la costa hasta el valle de Nazca. Después de haber tomado la borla imperial, emprendió la conquista sucesiva de los Chancas, Charcas y Antis. Los Chancas cedieron de mala voluntad en presencia de ejércitos irresistibles; los Charcas aceptaron el yugo por consejo de sus ancianos; y los Antis conservaron su libertad a favor de sus selvas impenetrables y de su clima poco saludable. Inca-Roca fundó para la nobleza escuelas, de las que era excluido el pueblo; y ordenó que a su muerte se destinaran sus grandes tesoros al ornato de su tumba y al servicio de su familia; de allí nació la costumbre de que cada Inca se formara un tesoro. (ver documento)

                      

TEMA 03: EL IMPERIO DE LOS INCAS

Extensión del Imperio


Habiendo tenido los principios más humildes llegó el imperio de los Incas a extenderse más que el Imperio Romano; a lo largo de la costa ocupó de treinta y nueve a cuarenta grados de latitud, y hacia el interior penetraba en las montañas. Las actuales repúblicas del Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y parte de Buenos Aires estuvieron comprendidas en esta vasta dominación, a que los Incas dieron el nombre de Tahuantinsuyu (los cuatros linajes juntos). Con los nombres de Antisuyu, Collasuyu, Cuntisuyu y Chinchasuyu se expresaban las inmensas regiones del oriente, mediodía, poniente y septentrión, que estaban ya sometidas, o que se aspiraba a conquistar. (ver documento)

Población

Sería aventurado todo cálculo en que se tratara de precisar la población del imperio; mas podemos afirmar sin el menor riesgo de exageración, que los Incas contaban más de diez millones de súbditos. Gran parte de los habitantes vivían dispersos en los campos y en las punas. Mas el número de poblaciones fue de algunos miles, la mayor parte muy pequeñas. Las ciudades metropolitanas, que eran el centro de varias provincias, pasaron de veinte. En el territorio actual del Perú fueron las principales ciudades de la costa Tumbes, baluarte del Norte, Jayanca, Chimu, Pachacamac y Chincha, en la sierra Huancabamba, Cajamarca, Huánuco, Hatunsausa, Vilcas; las residencias reales, las capitales del Sur y la corte del Cuzco que contenía en su recinto más de cuarenta mil habitantes y en sus arrabales más de doscientos mil. Aunque conquista reciente, el reino de Quito ostentaba esta antigua capital de los Sciris y otras poblaciones considerables.

Monumentos de los Incas


Por sus edificios públicos fue el Cuzco la Roma del nuevo mundo, haciéndose admirar por sus calles largas bien alineadas y empedradas primorosamente, por sus espaciosas plazas, por su río canalizado con sumo trabajo, por el templo del Sol llamado con razón Coricancha (cerco de oro), por la casa de las escogidas, por los palacios de los Incas y por la asombrosa fortaleza de Sacsahuaman. Casi tan admirable como Coricancha fue el templo dedicado al Sol en la isla de Titicaca. Hubo otros quince o más templos de increíble riqueza entre los que se distinguían los de Pachacamac y Vilcas. Entre las obras tan notables, por sus vastas proporciones, como dignas de aprecio por sus ventajas, merecen especial consideración los acueductos y los caminos. Los acueductos llevaban el riego a los pastos de la sierra en la estación seca y la fecundidad a los arenales de la costa, como puede verse en los de Nazca. En los caminos principales había magníficas casas reales, tambos extensos, albergue para los correos, calzadas en los atolladeros, pretiles en los derrumbaderos, graderías en las cuestas, y puentes de varias clases en los ríos, siendo muy de admirar los puentes de maromas suspendidos sobre las grandes corrientes y los puentes flotantes del desaguadero.

Vicisitudes del Imperio

El origen de los Incas está envuelto en fábulas. Según la tradición más conocida, compadecido el Sol de la barbarie en que yacían los peruanos, envió para civilizarlos a sus hijos Manco-Capac y Mama-Ocllo que eran a la vez esposos y hermanos: «tomad esta cuña, les dijo dándoles una barreta de oro, golpead con ella en todos los sitios adonde llegareis; y estableceos en aquel en que se hundiere al primer golpe. Allí daréis principio a vuestras exhortaciones, enseñando a los hombres a que me adoren y a que os obedezcan como a hijos míos». La celestial pareja salió de la isla de Titicaca y después de haber visto desaparecer la cuña de oro en el cerro de Huanacaure, se estableció en el Cuzco para dar principio a su misión civilizadora. Manco enseñó a los hombres el cultivo de los campos y las primeras artes de la vida civil; y las mujeres aprendieron de Mama-Ocllo el hilado, el tejido, la costura y las virtudes que hacen la buena madre de familia.

            


Los sucesores de Manco-Capac avanzaron desde luego con la prudente calma de los misioneros, esperando más de la razón que de la fuerza y conquistando más con los beneficios que con los ejércitos. Sus progresos fueron muy lentos y su dominación no se extendió sólidamente sino en las regiones cercanas al Cuzco. Habiéndose hecho muy poderosos y excesivamente ambiciosos hubieron de sufrir los azares de la guerra y aun se vieron expuestos a perecer con toda su raza cerca de su venerada capital; reinados florecientes fueron seguidos de otros menos prósperos; a soberanos inteligentes sucedió alguno poco cuerdo, a los virtuosos alguno corrompido, y a los activos y animosos algún pusilánime o indolente. La duración del Imperio de los Incas, contando desde Manco-Capac hasta la muerte de Huaina-Capac, fue de doscientos cuarenta años según los cálculos más reducidos, y de quinientos según testimonios respetables, que hacen remontar su fundación al siglo once.

Número de Incas

Se cuentan unos doce soberanos desde el fundador del imperio hasta su partición, a que siguió de cerca su ruina, y son más comúnmente conocidos bajo los nombres siguientes:

I.             Manco-Capac.
II.            Sinchi-Roca.
III.          Lloque-Yupanqui.
IV.          Maita-Capac.
V.           Capac-Yupanqui.
VI.          Inca-Roca. VII. Yahuar-Huaca.
VII.         Viracocha.
VIII.       Pachacutec.
IX.          Inca-Yupanqui.
X.            Tupac-Inca-Yupanqui.
XI.          Huaina-Capac.


Huaina-Capac dividió el imperio entre sus hijos Huascar y Atahualpa, lo que facilitó la conquista española; Manco, otro hijo de Huaina-Capac, disputó a los conquistadores la herencia de sus mayores y legó sus derechos a sus hijos Sairi-Tupac, Titucusi-Yupanqui y Tupac Amaru, en quien se extinguió el linaje legítimo de los Incas.

TEMA 02: CIVILIZACIÓN PRIMITIVA

Monumentos anteriores a los Incas


En todo el Perú hay todavía ruinas que revelan la acción secular de razas inteligentes y cultas antes de haber recibido las luces de los Incas. En lugares donde su influencia fue de corta duración; se descubren semilleros de pueblos, sepulcros que llegan a formar vastas ciudades de muertos, y huellas indudables de una agricultura entendida y extensa. Entre los monumentos más notables por sus dimensiones gigantescas o por el carácter de sus formas se cuentan las ruinas de Tiahuanaco sorprendentes por sus muros, templos y estatuas, el primitivo templo de Cacha, la fortaleza de Ollantaytambo, las ruinas de Vilcas y Huánuco el viejo, las construcciones llamadas Huancas en los altos de Jauja, los sepulcros entre Hualgayoc y Cajamarca, los palacios del Chimú, el templo de Pachacamac, numerosas fortalezas en las cabeceras de la costa, entre ellas la de Pativilca, las murallas de Kuélap y otras ruinas próximas a la montaña.

Cultura física

La antigüedad de una agricultura avanzada se manifestaba en las hoyas de la costa, en los andenes de la sierra y en el uso bien entendido del guano y de los riegos. También fueron muy antiguas la pesca y la cría de los ganados, la variedad y ornato de los vestidos, los artes del alfarero, del platero y del tejedor; y no eran desconocidos, ni el comercio por tierra, ni el comercio marítimo.
Jeroglíficos
 Conocieron igualmente los antiguos peruanos la escritura jeroglífica, arte que mostraba sus adelantos en la civilización y, los hubiera recordado con alguna precisión, si no hubiese caído en desuso en la época más ilustrada de los Incas. Los conquistadores y misioneros españoles hallaron jeroglíficos en algunos monumentos de Huamanga, Huaitará, Huaraz y otros lugares. Todavía se hallan cerca de Tacna, Puno, Arequipa y del lado de Pasco, tanto en rocas durísimas, como en el fondo de los bosques, que ciñen las márgenes del Marañón y del Huallaga. Esta escritura se reducía a imágenes de hombres, círculos, paralelogramos u otras figuras geométricas, o simples líneas rectas.

Religión

Como todos los pueblos en quienes se oscureció la luz de la revelación, estaban los peruanos sumidos en la idolatría: adoraban los astros, el mar, la tierra; las lagunas, los animales, piedras y plantas, muchas obras de sus manos, sus ascendientes, algunos hombres eminentes, las pacarinas o lugares, de donde creían procedía su raza, los conopas o ídolos particulares y ciertas huacas u objetos consagrados; ofrecían sacrificios humanos y creían en los oráculos. Sin embargo recordaban al Criador del universo bajo los nombres de Pachacamac, Viracocha, Con y otros menos comunes, y tuvieron alguna idea del diablo, del diluvio y de la vida futura. Según las tradiciones más acreditadas, VIRACOCHA (espuma de la laguna) fue el criador del cielo, de la tierra y de los primeros hombres, y pobló el Perú formando imágenes de toda suerte de personas que colocó en las diferentes provincias y que en cumplimiento de sus órdenes salieron animadas de las fuentes, ríos, cerros y cuevas. CON, que carecía de órganos corporales y marchaba con la celeridad de los espíritus, con sólo su palabra allanó las sierras y quebradas, cubrió la tierra de frutos y crió hombres y mujeres para que gozasen de la abundancia; más para castigar la corrupción de los costeños los transformó en gatos negros y otros animales horribles, al mismo tiempo que hizo del anterior paraíso un triste desierto. PACHACAMAC (el que anima al mundo) ahuyentó al perseguidor de los hombres, crió la nueva raza de indios, y éstos le erigieron un templo sobre el valle de Lurín en el sitio donde solía sentarse para dar sus benéficas instrucciones.

Gobierno

Pocos pueblos carecían de un gobierno regular. El mayor número obedecía a curacas, cuya autoridad era más o menos absoluta, vitalicia y hereditaria. Otros pueblos vivían bajo la dirección de los principales personajes formando cierta especie de repúblicas aristocráticas. En algunos valles de la costa ejercieron un verdadero señorío mujeres que tenían el título de Capullanas o Sayapullas. A veces para hacer la guerra y más a menudo para las fiestas religiosas solían unirse los habitantes de una provincia, los de provincias vecinas y aun los de lugares más remotos.

         

Focos de civilización


No hay ningún indicio cierto de que antes de los Incas haya estado reunido el Perú bajo un cetro común; aunque algunos escritores hagan remontar la monarquía al siglo quinto después del diluvio y cuenten un centenar de monarcas. Sólo se sabe que existieron desde los tiempos más remotos numerosos focos de civilización en los valles de la costa y en los lugares abrigados de la sierra. En la costa se distinguían los señoríos del gran Chimú, Pachacamac, Huarco y Chincha y en la sierra los pueblos de Cajamarca, Huánuco, Jauja, Vilcas, cercanías del Cuzco y algunos del Collao.