sábado, 4 de febrero de 2017

TEMA 11: GUERRA ENTRE LOS CONQUISTADORES PARTE II

Gobierno de Pizarro

Aunque los oficiales reales y Diego Alvarado a nombre del joven Almagro reclamaron el gobierno de la Nueva Toledo, resistiéronse los Pizarros a la separación de países tan unidos por sus relaciones naturales, como por los vínculos políticos y quedó el marqués como único gobernador del Perú. Desembarazado de sus enemigos encargó a sus hermanos la pacificación del Collao que consiguieron en breve, ya con grandes hazañas, ya con una política benévola. La fundación de La Plata, llamada también Chuquisaca y Charcas, no muy lejos de las ricas minas de Porco, aseguró esta pacificación. El inca Manco, que había destruido un destacamento español, y cuya gente dio cruel muerte a los mensajeros de paz, fue obligado a refugiarse al otro lado de la cordillera oriental; y una de sus esposas favoritas expiró a flechazos en el mismo sitio donde habían sido muertos los enviados del gobernador, por una represalia tan indigna de un hombre de honor, como de un buen cristiano.

Asesinato de Pizarro

 Los amigos de Almagro hacían responsable al marqués de la muerte de su socio y estaban reducidos a la desesperación por la extrema pobreza; mendigaban muchos el vestido y el sustento; subsistían otros de las ganancias del juego o de donativos precarios, y no tenían entre doce de los principales sino una capa que para salir a la calle se ponían por turno. No había medio de calmar su descontento, porque no querían aceptar favores y se irritaban por hallarse desatendidos. Más de doscientos de ellos reunidos en Lima concertaban sus proyectos de venganza, queriendo los más moderados obtener justicia de Vaca de Castro y considerando el mayor número sus espadas como única justicia. Juan de Rada, ayo del joven Almagro, se puso a la cabeza de este partido y llamado por el marqués que deseaba cortar con una franca explicación los motivos de desconfianza recíproca, le habló en términos que le inspiraron plena confianza. En vano se dieron a Pizarro los avisos más alarmantes.

                         

Guerra entre Vaca de Castro y los almagristas

Con las espadas teñidas en la sangre del gobernador, llena la ciudad de espanto y confusión por el saqueo de las casas y persecución de los principales vecinos, fue proclamado nuevo gobernador del Perú el joven Almagro. Para que su autoridad fuese reconocida por las demás ciudades, se procuró levantar un ejército que diera la ley a la colonia y se trató de ganar la opinión desfigurando los hechos.
 Vaca de Castro que ya se hallaba en Quito, apoyado desde Popayán por Benalcázar, hizo reconocer su autoridad y se aprestó a la guerra con tanta actividad como inteligencia. Entre tanto, debilitaba la discordia a los almagristas ya no sabían qué partido tomar, si la fuga a Chile, la lucha con Vaca de Castro o la persecución de los vengadores de Pizarro. No teniendo esperanza de salvación si no en los triunfos rápidos, decidieron salir al encuentro de Olguín que se dirigía al Norte, después de su fácil derrota caer sobre Alvarado y, vencido éste, arrancar por la fuerza a Vaca de Castro una amnistía completa.. Los vencidos fueron cruelmente castigados, y el joven Almagro condenado a muerte por un consejo de guerra entregó su cabeza al verdugo con fortaleza cristiana y conforme a sus deseos fue enterrado bajo el cadáver de su padre.

Consumación de la Conquista

La caída de los almagristas hizo perder a los indios las esperanzas que les había hecho concebir el fin trágico de Pizarro. Creyendo que la conquista se acabaría con el conquistador, se habían reanimado y procurado saciar su sed de venganza, asesinaron a los españoles que viajaban, a los que estaban dispersos y a Valverde que se ocupaba en convertir a los habitantes de la Puná. Mas pronto se vio que la conquista era un hecho consumado. La España, que ejercía sobre el mundo civilizado una preponderancia visible, no podía ser resistida con éxito. Los defensores del imperio se rendían, morían como criminales vulgares o se salvaban en la oscuridad. El mismo Inca perecía en una reyerta inesperada con unos cuatro almagristas refugiados en su campo. El buen gobierno de Vaca de Castro parecía legitimar la obra de la violencia haciendo suceder la justicia a la fuerza y el atractivo de los beneficios legales al terror que habían inspirado los conquistadores.(ver documento)


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