Descubrimiento del Perú (1511-1528)
Vasco
Núñez de Balboa
En 1511 oyó decir Balboa, recién establecido en el Darién, a
un hijo del cacique Comagre, que en el mar del Sur se navegaba en barcas a vela
y remo y que entre aquellas gentes era el oro tan abundante como el hierro en
España. En 1513, desplegando un genio extraordinario, tuvo la gloria de
descubrir el Pacífico y en sus orillas adquirió datos más amplios sobre el
Imperio de los Incas. En 1517, habiendo hecho pasar al través del Istmo
materiales para fabricar buques, se avanzó en sus exploraciones hasta el puerto
de Piñas. Ya tenía los preparativos hechos para el descubrimiento del Perú,
como se llamaba ya a las regiones del Sur, mal pronunciado y peor aplicado el
nombre de Virú que era el de un río y el de un cacique del Darién; pero su
gloriosa carrera fue cortada por su suegro Pedrarías, quien por celos le hizo
morir en el cadalso como traidor al rey.
Primera
expedición de Pizarro y Almagro
En
1524 se reunieron para hacer el descubrimiento del Perú tres ancianos: Hernando
de Luque, Diego Almagro y Francisco Pizarro.
Reunidos
unos cien reclutas salió Pizarro de Panamá a mediados de noviembre y tocó en la
isla de Taboga y en la de las perlas; habiendo remontado el Virú sufrió una
ruda prueba en sus orillas abandonadas por los salvajes, ásperas, sin recursos
y malsanas. Montenegro, que había ido por recursos a la isla de las perlas,
volvió a las seis semanas; y alentados los expedicionarios con los víveres y
con las noticias que les comunicaron unos indios del interior, siguieron
explorando las playas inhospitalarias del Chocó.(ver documento)
Segunda
expedición de Pizarro y Almagro
Vencida
la oposición de Pedrarías, que quería impedir las expediciones al Perú,
renovaron y formalizaron su convenio los tres socios, poniendo Luque veinte mil
pesos que le prestaba secretamente el licenciado Espinosa, obligándose Pizarro
y Almagro a contribuir con sus servicios, y distribuyéndose por partes iguales
las futuras ganancias. Reunidos ciento sesenta hombres y dirigidos por el hábil
piloto Ruiz, se encaminaron hacia el río de San Juan; conseguido allí un botín
de quince mil pesos, regresó Almagro a Panamá para atraerse auxiliares; Ruiz se
encargó de explorar las regiones del Sur y Pizarro se dirigió al interior.
La
subida del río ofreció junto con el más bello espectáculo sufrimientos
insoportables y todos los riesgos de las selvas intertropicales. Los
exploradores maldecían ya sus sueños dorados, cuando llegó Ruiz que con vientos
prósperos había cruzado la línea, reconocido la isla del Gallo y la bahía de
San Mateo y tomado en alta mar una barca peruana y en ella dos tumbecinos, una
balanza, tejidos, obras de platería y otras muestras de una civilización adelantada.
En
vista de la hostilidad de los habitantes se resolvió en una junta de guerra
buscar mayores fuerzas para llevar a cabo la empresa. Después de un violento
altercado se acordó que Pizarro se quedara en la isla del Gallo y que Almagro
regresara a Panamá.
Aventuras
de Pizarro en la costa del Perú
Con
tan mezquino auxilio se embarcó Pizarro en derechura para el Perú; a los veinte
días entró en el bellísimo golfo de Guayaquil; tocó en la isla del Muerto a la
que dio el nombre de Santa Clara; y al día siguiente hizo marchar en su
compañía a una flota de tumbecinos, que iban a atacar a sus eternos rivales de
la Puná. Grata fue la sorpresa y amistoso el saludo de españoles y peruanos,
cuando la nave entró en el puerto de Tumbes. Del pueblo enviaron provisiones y
vino un Inca deseoso de dar cuenta exacta al monarca. Pizarro envió a tierra a
Alonso de Molina con gallinas y cerdos de obsequio; y al día siguiente saltó
Pedro de Candia, de personalidad arrogante y con vistosas armas, quedando todos
encantados de esta entrevista.
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