sábado, 4 de febrero de 2017

TEMA 09: ESTABLECIMIENTO DE LA DOMINACIÓN ESPAÑOLA PARTE II

Anarquía

La muerte de Atahualpa precipitó la disolución del imperio, que hacían inminente las instituciones ya degeneradas, las guerras civiles y la presencia de los españoles en el Perú, a quienes el pueblo llamaba Viracochas creyéndolos enviados del cielo para vengar a Huascar, legítimo descendiente del Sol. Faltando la autoridad acatada que dirigía y daba impulso al socialismo imperial, sufrió el Estado las convulsiones de la anarquía. Los yanaconas luchaban con sus amos, los barrios bajos con los altos, los mitimaes con los originarios, el partido del Cuzco con los quiteños; Manco legítimo sucesor de Huascar era el caudillo más popular en el Sur; Rumiñahui pretendía restablecer el reino de Quito exterminando los representantes de la dinastía celestial; muchos curacas se declaraban por los españoles.

Alianzas y combates de los conquistadores con los indios

Para llevar adelante la conquista, buscó Pizarro la alianza de los jefes quiteños, haciendo elegir por sucesor de Atahualpa al joven Tupac Inca, su hermano de padre y madre y declarándole tributario del rey de España. Llevando al nuevo Inca y a Calcuchima en literas emprendió su marcha al Cuzco por el camino imperial. El ejército de Quito, que había hecho algunos amagos de resistencia, atacó la retaguardia y entre otros prisioneros tomó a Cuellar, escribano del proceso de Atahualpa, y le hizo ejecutar en Cajamarca con el mismo aparato que lo había sido el Inca; también quiso detener a los conquistadores en el valle de Jauja; mas se aterró a las primeras acometidas de la caballería.
Noticiado Pizarro de esta expedición, bajaba a la costa para defender su conquista, y enviaba al Norte a Almagro para que unido con Benalcázar cruzaran los planes de un rival peligroso.(ver documento)

Colonización del Perú

Para levantar un imperio colonial sobre las ruinas del imperio de los Incas se propuso Pizarro fundar una gran capital; y hallando reunidas en el delicioso valle del Rímac las condiciones de dilatada y fértil campiña, aguas abundantes, puerto excelente, posición central y una salubridad rara en las costas intertropicales, fundó con sesenta vecinos el 18 de enero de 1535 la ciudad de los Reyes, en honor de Carlos V y de la reina Juana. Poco después echó en el valle de Chimú los cimientos de Trujillo, en memoria de su tierra natal. Al mismo tiempo Alonso de Alvarado, que había conquistado a los Chachapoyas con su política suave y clemente, fundaba San Juan de la Frontera. Otros conquistadores sojuzgaban las provincias distantes y las poblaban de cristianos. Muchos misioneros, llenando fielmente las funciones del apostolado, aceleraban la reducción de los indios con sus virtudes y doctrinas.

                      

Primeras alteraciones

Habiendo llevado a España Hernando Pizarro 155 300 pesos de oro y 5 400 marcos de plata pertenecientes al Rey, la corte agradecida le dispensó grandes consideraciones; y entre otras mercedes a los conquistadores concedió a Valverde el obispado del Cuzco, a Francisco Pizarro el título de marqués de los Atabillos y setenta leguas más en su gobierno, y a Almagro el de Nueva Toledo que debía principiar en el límite meridional de la jurisdicción de Pizarro.
Ambos gobernadores creyeron que el Cuzco entraba en su respectivo dominio; Almagro excitado por sus amigos quiso tomar posesión de la opulenta ciudad que se dividió en bandos; hubo quejas violentas; de las amenazas se pasó a las armas; y hubiera corrido la sangre si el marqués no volara a apagar la discordia. Abrazándose con efusión los antiguos socios, hicieron protestas de amistad y unión, partiendo la hostia consagrada; Almagro se alistó para una expedición a Chile; y Pizarro regresó a Lima a impulsar eficazmente los progresos de la nueva capital del Perú.

Sitio del Cuzco

Cerca de doscientos mil hombres sitiaron la capital del imperio para exterminar a doscientos españoles auxiliados por unos mil indios. Habiendo tomado posesión de la fortaleza, estrecharon el sitio por todas partes, atronando de día con espantosos gritos y con la continuada granizada de las flechas, dardos y piedras, y redoblando de noche el espanto de los sitiados con los fuegos del campamento. Habiendo puesto fuego a las casas de la ladera y arrojado en la población materias incendiadas, en un punto toda la ciudad fue una sola llama; quedaron reducidos los cristianos al recinto de la plaza, donde no tenían descanso ni de noche, ni de día; al anochecer salían a desembarazar el terreno derribando las paredes, deshaciendo barricadas, llenando zanjas y rompiendo las acequias con que se veían estrechados; y desde el amanecer hasta que anochecía, se esforzaban por librarse de los lazos, flechas y otras armas arrojadizas de los asaltantes.

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