Anarquía
La muerte de Atahualpa precipitó la disolución del imperio,
que hacían inminente las instituciones ya degeneradas, las guerras civiles y la
presencia de los españoles en el Perú, a quienes el pueblo llamaba Viracochas
creyéndolos enviados del cielo para vengar a Huascar, legítimo descendiente del
Sol. Faltando la autoridad acatada que dirigía y daba impulso al socialismo
imperial, sufrió el Estado las convulsiones de la anarquía. Los yanaconas
luchaban con sus amos, los barrios bajos con los altos, los mitimaes con los
originarios, el partido del Cuzco con los quiteños; Manco legítimo sucesor de
Huascar era el caudillo más popular en el Sur; Rumiñahui pretendía restablecer
el reino de Quito exterminando los representantes de la dinastía celestial;
muchos curacas se declaraban por los españoles.
Alianzas y combates de los conquistadores con los indios
Para llevar adelante la conquista, buscó Pizarro la alianza
de los jefes quiteños, haciendo elegir por sucesor de Atahualpa al joven Tupac
Inca, su hermano de padre y madre y declarándole tributario del rey de España.
Llevando al nuevo Inca y a Calcuchima en literas emprendió su marcha al Cuzco
por el camino imperial. El ejército de Quito, que había hecho algunos amagos de
resistencia, atacó la retaguardia y entre otros prisioneros tomó a Cuellar,
escribano del proceso de Atahualpa, y le hizo ejecutar en Cajamarca con el
mismo aparato que lo había sido el Inca; también quiso detener a los
conquistadores en el valle de Jauja; mas se aterró a las primeras acometidas de
la caballería.
Noticiado Pizarro de esta expedición, bajaba a la costa para
defender su conquista, y enviaba al Norte a Almagro para que unido con
Benalcázar cruzaran los planes de un rival peligroso.(ver documento)
Colonización del Perú
Para levantar un imperio colonial sobre las ruinas del
imperio de los Incas se propuso Pizarro fundar una gran capital; y hallando
reunidas en el delicioso valle del Rímac las condiciones de dilatada y fértil campiña,
aguas abundantes, puerto excelente, posición central y una salubridad rara en
las costas intertropicales, fundó con sesenta vecinos el 18 de enero de 1535 la
ciudad de los Reyes, en honor de Carlos V y de la reina Juana. Poco después
echó en el valle de Chimú los cimientos de Trujillo, en memoria de su tierra
natal. Al mismo tiempo Alonso de Alvarado, que había conquistado a los
Chachapoyas con su política suave y clemente, fundaba San Juan de la Frontera.
Otros conquistadores sojuzgaban las provincias distantes y las poblaban de
cristianos. Muchos misioneros, llenando fielmente las funciones del apostolado,
aceleraban la reducción de los indios con sus virtudes y doctrinas.
Primeras alteraciones
Habiendo llevado a España Hernando Pizarro 155 300 pesos de
oro y 5 400 marcos de plata pertenecientes al Rey, la corte agradecida le
dispensó grandes consideraciones; y entre otras mercedes a los conquistadores
concedió a Valverde el obispado del Cuzco, a Francisco Pizarro el título de
marqués de los Atabillos y setenta leguas más en su gobierno, y a Almagro el de
Nueva Toledo que debía principiar en el límite meridional de la jurisdicción de
Pizarro.
Ambos gobernadores creyeron que el Cuzco entraba en su
respectivo dominio; Almagro excitado por sus amigos quiso tomar posesión de la
opulenta ciudad que se dividió en bandos; hubo quejas violentas; de las
amenazas se pasó a las armas; y hubiera corrido la sangre si el marqués no
volara a apagar la discordia. Abrazándose con efusión los antiguos socios, hicieron
protestas de amistad y unión, partiendo la hostia consagrada; Almagro se alistó
para una expedición a Chile; y Pizarro regresó a Lima a impulsar eficazmente
los progresos de la nueva capital del Perú.
Sitio del Cuzco
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